domingo, 12 de enero de 2014

A Poem On The Wall - Ubi Nihil Vales, Ibi Nihil Voles

Escribo desde un naufragio, desde un signo o una sombra ... discontinuo vacío que de pronto se llena de amenazante luz.
Escribo sobre el tiempo presente, sobre la necesidad de dar un orden testamentario a nuestros gestos, de transmitir en el nombre del padre, de los hijos del padre ... de los hijos oscuros de los hijos del padre.
Escribo sobre el tiempo presente. Con lenguaje secreto escribo ... pues quién podría darnos ya la clave de cuanto hemos de decir.
Escribo sobre el hálito de un dios que aún no ha tomado forma.
Escribo sobre la mar ... sobre la retirada de la mar que abandona en la orilla formas petrificadas ... o restos palpitantes de otras vidas.
Escribo sobre la latitud del dolor ... sobre lo que hemos destruido, ante todo en nosotros, para que nadie pueda edificar de nuevo tales muros de odio.
Escribo sobre las humeantes ruinas de lo que creímos ... con palabras secretas, sobre una visión ciega, pero cierta.
Escribo desde la noche ... desde la infinita progresión de la sombra, desde la imposibilidad de adivinar aún la conjurada luz, de presentir la tierra, el término, la certidumbre al fin de lo esperado.
Escribo desde la sangre ...
desde su testimonio,
desde la mentira, la avaricia y el odio,
desde el clamor del hombre y del trasmundo,
desde el condenatorio borde de la especie,
desde el rostro bastardo,
desde la mano que se cierra opaca,
desde el genocidio ... desde lejos ... desde el tiempo presente.
Pero escribo también desde la vida ...
desde su grito poderoso,
desde su historia ... no desde su verdad acribillada,
desde la faz del hombre ... no desde sus palabras derruidas.
desde el desierto ... pues allí nacerá un clamor nuevo.
Escribo desde nuestros huesos ... que ha de lavar la lluvia.
Escribo desde el patíbulo ... ahora y en la hora de nuestra muerte.
Escribo, amigo mío de un tiempo venidero.
Escribo sobre el tiempo presente ...

jueves, 9 de enero de 2014

El saber sencillo

Plantear la pregunta difícil es sencillo: preguntar al encontrarse con la mirada simple del conocido ... qué tal van y cómo están.
Pero la respuesta es cada vez más difícil de recordar ... en las escaleras o en la orilla los oídos escuchan palabras al encontrarse ... los ojos miran ... las manos auxilian, pero nunca están seguros de lo que aprenden sobre cómo hacer estas cosas, y ... olvidarse de escuchar o ver hace que olvidar sea fácil, solo recordar el método de recordar, recordar ... solo que de otra manera.
Hasta que, al perder memoria, se tornan espectrales ... y los espectros están condenados a repetir aquello que les causa dolor.
La cobardía pide a gritos cielos al viento ... frialdad para el agua ... obediencia para un amo.
¿Restablecerá la memoria las escaleras y la orilla, el rostro y el lugar de encuentro?
¿Puede recordar el amor la pregunta y la respuesta, para que el amor recobre lo que ha sido sombrío, intenso y cálido de nuevo?

viernes, 27 de diciembre de 2013

Rompes mis pensamientos

Estaba aquí pensando que, si alguna vez nos encontramos por la luz de un lejano mundo, me detendré sobresaltada ante ti.
Esos ojos tuyos los veré entonces como estrellas de la mañana, y, sin embargo, sentiré que fueron de un olvidado cielo de anochecer, en una vida anterior.
Sabré que el encanto de tu cara no será todo tuyo, que lo robó la luz apasionada de mis ojos en algún encuentro inmemorial, y cobró de mi amor un misterio que había olvidado su origen.
Creo que antes de encontrarnos me habías visitado en una visión.
Esa visión debía yo tenerla cuando estaba inundada del olor de la flor de la sal, cuando el resplandor crepuscular del rio orillaba las arenas y los vagos sonidos de la tarde se fundían.
Rompes en mi pensamiento como el oleaje de la pleamar, y mi corazón se ahoga bajo la marejada de tus emociones.
Muchas veces he oído gritos en el roce de tus manos, aunque ellas no supieran lo que decían, he sentido el tartamudeo de tus brazos, que, de no hablar así, hubieran colgado a mi cuello la guirnalda de tu juventud.
Tus leves gestos vuelven a mi memoria a favor de las secretas horas calladas, como chiquillos traviesos que jugando, me cuentan las cosas que él me había tenido guardadas.

jueves, 19 de diciembre de 2013

La muerte del corazón

 
Tú, boca enjuta, crisálida del gozo, luna pequeña en medio de un fragor, pierna dócil.
Vellón entre las sedas, ópalo que se incendia más cerca del sollozo, éxtasis, claridad derramada, dientes que roen el hombro, alarido del puma, selva.
Un caracol subía por la espalda desnuda, fuera su baba ungüento y la araña una débil mazorca germinando.
Tu sangre paralela, qué amargor.
Deshago el corazón, turbio ovillo, pradera del deseo y más tarde, las horcas en el campo.
Descalza, talo árboles, descienden por barrancos los gemidos; no hay fuentes ya, ni la sábana verde, ni la cántara ocre.
Sólo tú y mi muerte.
Turbias horcas frutales por donde pende el cuerpo 
y estos senos granados como pimientas rojas.

martes, 17 de diciembre de 2013

Desde la retaguardia

 
Son agradables, desde luego. A nadie se le ocurriría examinar con lupa sus contratos, o guardar, por si acaso, las cartas bajo llave.
Amables y eficientes ... lo que vemos es lo que hay.
¿Qué falla si al convivir con ellos no deja de extrañarnos que haya tantos matrimonios felices y gente desgraciada?
No se pierden ninguna charla política, pues tienen inquietudes ... realmente quieren ayudar.
Con todo, mientras miran la tierra desde cualquier periódico ... ¿cómo no les aturde su horror y su locura, si nunca ... de eso estoy convencida ... sintieron una brusca apetencia de torturar al gato o desnudarse en público?
¿Desearon alguna vez, me pregunto con intriga, ver algún unicornio ... aunque estuviera muerto?
Quizá.
Pero no lo dirán, ignorando de tácito acuerdo nuestro anhelo de vida eterna ... ese enjaulado y censurable interrogante que irrumpe en ocasiones en meriendas campestres ... reuniones de antiguos alumnos y que sólo el chiste verde ... irónicamente ... se atreve a defender.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Los movimientos del mundo

Si el tiempo y el espacio nos sobrasen, con toda parsimonia pensaríamos en cómo pasar nuestro amor perenne.
Te amaría años antes del diluvio y podrias ... si quieres ... rechazarme hasta que se conviertan los judíos.
Mi amor crecería hasta hacerse más grande que un imperio ... y también más despacio.
Pasarían cien años consumidos en elogios de tu frente y el brillo de tus ojos.
Doscientos adorando tu pecho ... treinta más para el resto del cuerpo.
Una edad celebrando cada una de tus partes, y otra edad ... para decir cómo es tu corazón.
No mereces menos ... ni yo podría amar con mayor prisa.
Pero a mi espalda no dejo de oír cómo me persigue el alado carro del tiempo, y más allá se extiende ... delante de nosotros, el desierto de la inconmensurable eternidad.
... que los placeres se desgarren, con los punzantes hierros de la vida.

martes, 10 de diciembre de 2013

Tarde ... en la noche

 
Os he mirado suficiente, ahora puedo hablaros como quiera.
Me he sometido a vuestros deseos, observando con paciencia lo que amáis ... hablando a través de otras vías, en detalles terrestres ... como lo preferís vosotros.
Jamas aceptaréis una voz como la mía ... indiferente a los objetos que tan prestamente reclaman vuestras bocas ... pequeños círculos de miedo.
Todo este tiempo disculpé vuestras limitaciones ... pensando que tarde o temprano las dejaríais de lado ... pensando que la materia no absorbería jamás vuestra mirada.
No puedo continuar limitándome a imágenes porque os creáis con derecho a discutir mis intenciones ...
... ahora estoy preparada; llorando, si, me arriesgo a la alegría en el áspero viento de un nuevo mundo.