en su silla imponente.
Mira hacia todas partes,
quiere observarlo todo.
Juegan las estaciones a sus pies
como niños en torno de su abuelo.
Porque es como la abuela de los días,
el noble antepasado de la aurora.
La clara relación que tiene el alma
con la inmortalidad
se descubre mejor en el peligro
y en un desastre súbito.