¿le importaría a alguien
que una humilde persona
resbalase en silencio de su silla,
tan en silencio, sí, tan silenciosa,
que les pudiese parecer a todos
que aquella personita
se mece todavía más despacio?
En un amanecer, tal vez en éste,
¿suspiraría alguien
si la tal personita
no saliera de un sueño profundo
que ni el gallo pudiera despertarla,
ni el trajín de la casa en la que vive,
ni el alocado pájaro del huerto
o la tarea con que empieza el día?
Fue como una rolliza personita
que andaba por las lomas;
ocupada en agujas y carretes,
volviendo fatigada de la escuela.