miércoles, 3 de febrero de 2016

Home Sweet Home

Cuando, para templar la desconfianza de algunos comensales y entrar luego en materia ... o en el campo de golf ... cerrado ya el acuerdo, para evitar rencores hace algún comentario de su hogar.
No menciona jamás a su adorado esposo, perdido tiempo atrás, pero si habla orgullosa de su hijo ... ese travieso heredero de moratones recibidos e infligidos, de bastonazos soportados con estoicismo para salvar a un compañero.
O ... exige que veneren a su piadosa madre, sirviendo el té a los huéspedes con regios ademanes.
Pero ... ¿a quién de los dos ha invitado a pasar el domingo con ella?
Después de negociar otra fusión viaja sin compañía .. así evita ser victima de la ruin bestezuela que aún moja las sábanas y no sabe silbar ... un chivato, un llorica, un fracaso.
De los insultos de la bruja desaliñada que amontona botellas debajo del colchón, y escupe y grita obscenidades en lo alto del rellano.
Peor aún, para no contemplar una alianza impía: la Juventud probando a la Vejez la llave de la cómoda ... la Vejez a la Juventud a mentir con  descaro.
Desgracias familiares que ha de ocultar al mundo. Vería en ella a la mala de este hogar, cumpable de asustar a un niño delicado con voz atronadora ... de enloquecer a una madre amorosa con helado desdén.
Además (lo que puede explicar por qué no ha cambiado su testamento), tiene la sensación, tal vez superticiosa, de que la odian y temen por su bien: si se arrancaran las caretas y se mostraran dignos de su afecto, cariñosos, cuerdos y viriles ... caería muerta.

sábado, 30 de enero de 2016

Hemos viajado lo bastante como para dar rienda suelta a nuestras lágrimas

A los seis años vivía en un cementerio lleno de muñecas, evitándome a mí misma, mi cuerpo, sospechoso en su casa grotesca.
Hablaré de las pequeñas crueldades de la infancia ... siendo la tercera hija, la última entregada y la última recogida, cuando cada noche me desnudaba.
El yo que se negaba a chupar los pechos que no podía complacer
El yo cuyo cuerpo creció inseguro
El yo que pisaba las narices de las muñecas que no podía romper.
Pienso en ellas ... tan bien hechas ... tan perfectamente ensambladas mientras las apretaba contra mí; su piel suave y esos graves ojos de porcelana azul.
Venían de un país misterioso sin el dolor del nacimiento ... nacidas bien y en silencio.
Cuando quería hacer visitas ... el armario es donde ensayaba mi vida. Me escondía en él como quien se recoge en un árbol y crecía en el como una raíz, planeando el vuelo ... creyendo que llevaría mi cuerpo al cielo.
Y aunque no estaba cualificada, estaba segura de llegar allí o al menos subir como un ascensor.
Con esos sueños, guardando mi energía como un toro, planifiqué mi crecimiento y mi femineidad ... como alguien coreografía un baile.
Me quedaba sentada durante todo el día metiendo y encajando mi corazón en una caja de zapatos: recostada en silencio ... guardando mi pequeña dignidad.
No conocía a la mujer que sería ni que la sangre florecería en mí cada mes como una flor exótica; ni que los niños saldrían rompiendo de entre mis piernas, respirando despreocupados en su pequeña belleza.
No sabía que la vida, al final, pasaría sobre mi como un camión y todo lo que se mantendría de aquel tiempo en que tenía seis años sería un pequeño agujero en mi corazón ... un ángulo muerto en el oído ... para que pudiera escuchar con más claridad lo enmudecido. 

viernes, 29 de enero de 2016

La geografía del caos

Si quisiera describir el cuerpo que pisó la tierra en que hoy ando, con los mismos pasos que él, podría mirar a los campesinos, cuya mirada se pierde en un tiempo que tal vez se cruce con el de ese hombre de quien resta ... apenas ... la cabeza de piedra.
Vivo, habrá sentido los cambios que sucedían a su alrededor, pensando que era el fin del mundo
... y el mundo no acaba, contradiciendo lo que sentía.
Mas los hombres que prosiguen el ciclo al que también él perteneció ... respirando de acuerdo a las leyes del cielo ... no reconocen ya el sentido de ese movimiento en que los pasos coinciden con los vestigios que alguien dejó en la encrucijada inútil
... como si aún alguien supiera para qué sirven.

jueves, 28 de enero de 2016

Reflexión

Me gustan las mujeres de provincia
que van al café, y miran el humo
del cigarro ... cuando están solas.
Veo sus rostros en el espejo
de la memoria, y limpio
el cristal ... para verlos mejor.
Descubro los ojos que el tiempo
protege, y las manos sujetando
el tablero de la mesa ... como si escapara.
Les pregunto: ¿a quién amáis? ¿qué
secretos guardáis en la cartera? ¿por
qué no lustráis vuestra lágrima escondida?
Las mujeres de provincia son hermosas,
por la tarde, cuando entran en el café y están
a solas ... en la memoria que de ellas tengo.

miércoles, 27 de enero de 2016

Norma Jean Baker Mortenson vs Gladys Pearl Baker

Día tras día, estas fracciones que lo son todo,
cambian, crecen, transforman la mirada
que las ve, y construyen la imagen que
serán, ya prevista en el día en que
nacieran, para que no se diga que
los astros se equivocaron, como se
equivoca quien los cuenta. Y ellas, in-
diferentes a lo que no va con ellas, sólo
se distraen con lo que distraen, como
columpios que se empuja sabiendo
que volverán, y muñecos que
hablan sabiendo que han de callarse.
Ellas no; ahora el tiempo
las empuja y lleva adonde, cada
día, estar es ya no estar, y no dan importancia
a decir lo que tiene que adivinarse,
hasta que empiecen a decir
lo que, por ahora, no pasa de chácharas.

lunes, 25 de enero de 2016

Reflexión ... el ángel de la guarda

El ángel que en la tarde desciende del espíritu,
y quema el suelo de la página, y
mancha de orvallo los campos del invierno
donde la hierba insiste en mantenerse,
tiene la vista cansada de infinito. Lo cojo
de la mano y oigo arrastrar sus alas
detrás de mí, mientras avanzamos
por el asfalto. Es cierto que los ángeles no
están hechos para andar; y que sus pasos
dibujan un vuelo desmañado con la duda
ebria de un rumbo. Mas lo siento en la
silla de taberna; le pongo delante
el amargo cáliz del aguardiente matinal; y
le veo engullir hasta el fondo las gotas de
fuego del infierno, saboreando el sol que
por un instante despunta entre las
nubes que lo expulsaron.

domingo, 24 de enero de 2016

La brevedad de los dioses

Cuando era niña me solía salvar un dios del griterio y la férula de los hombres, jugaba segura y serena con las flores del bosque y ... las brisas celestes jugaban conmigo.
Igual que regocijas el corazón de las plantas, cuando alzan a ti los tiernos brazos, así colmabas mi corazón padre eterno, y como el firmamento era yo tu favorita ... sagrada Luna.
Hummm dioses todos, fieles amigos, ¡no sabéis cómo os quiso mi alma!
Verdad es que aún no os invocaba con nombres, y tampoco vosostros me llamabais nunca como hacen los hombres cuando se conocen.
Con todo, sabía de vosotros más que nunca supe de los hombres ... entendía el silencio del éter ... y de los hombres jamás entendí palabra.
Me crió la melodía del bosque susurrante, y aprendí a querer entre las flores.
Crecí en brazos de los dioses ...