Manejamos la pedrería falsa
hasta aprender a hacerlo con las perlas.
Para luego olvidar el similor
y llamarnos estúpidos.
Pero las formas eran semejantes,
y nuestras nuevas manos
aprendieron el arte de las joyas
tocando sólo arena.
Igual que si estuviera mendigando
y en mi mano asombrada
un extraño dejase todo un reino
para mi azoramiento.
Igual que si al Oriente preguntase
si no podía darme una mañana,
y él abriendo sus diques de oro y púrpura
me hiciera añicos con la luz de alba.