El corazón, tan a menudo roto,
estos pies que no se rindieron nunca,
mi fe que esperó en vano aquella estrella
... dadlo a los muertos con delicadeza.
El galgo nunca alcanzará a la liebre que aturdida y jadeante traigo aquí;
ni ningún colegial robará el nido que allí con tanto amor se construyó.
Ella murió, fue así como murió.
Y después que dejó de respirar fue en busca de su humilde guardarropa y echó a andar hacia el sol.
En la puerta debían de esperar los ángeles su exigua aparición,
porque ya nunca más pude encontrarla en la orilla mortal.
estos pies que no se rindieron nunca,
mi fe que esperó en vano aquella estrella
... dadlo a los muertos con delicadeza.
El galgo nunca alcanzará a la liebre que aturdida y jadeante traigo aquí;
ni ningún colegial robará el nido que allí con tanto amor se construyó.
Ella murió, fue así como murió.
Y después que dejó de respirar fue en busca de su humilde guardarropa y echó a andar hacia el sol.
En la puerta debían de esperar los ángeles su exigua aparición,
porque ya nunca más pude encontrarla en la orilla mortal.