Así muere la luz del día.
La luna ha menguado por completo, ni las primeras estrellas pueden ya eclipsarla.
Pero, ¿qué es del amor que se supone ha de descartar el terror recurrente del último cuarto de la luna?
¡Niño, coge mi mano!
Bésala, dedo a dedo.
¿Puede apagarse el amor verdadero?
No temo la muerte, sino sólo dar pena,
y el olvido del vocabulario intemporal del amor,
y que acabe la poesía con el loco avión de la muerte
como una exhalación por el cielo.
¡Niño, coge mi mano!