En las tabernas mejicanas donde los chicos se apoyan en el mostrador y discuten los problemas de la polis, los viejos borrachos hablan de sexo a la espalda de los chicos.
La luz de Méjico entra por la puerta de la taberna, y atrae a las moscas que se posan en los restos de comida que los viejos tiraron al suelo.
Lo que a mí me gusta, de Méjico, es oír las moscardas que sobrevuelan los charcos por donde pasan los chicos que acaban de discutir de la polis en el mostrador de la taberna.
Los viejos están ahí dentro, y siguen bebiendo vino de barril, sin saber de qué hablar, ahora que los chicos se fueron.
Mas no descansa el verano, y el sol castiga las espaldas de los chicos que se desvisten, en las rocas, y se tiran al agua para limpiarse
... de la polis, de los viejos, y de las moscas.
La luz de Méjico entra por la puerta de la taberna, y atrae a las moscas que se posan en los restos de comida que los viejos tiraron al suelo.
Lo que a mí me gusta, de Méjico, es oír las moscardas que sobrevuelan los charcos por donde pasan los chicos que acaban de discutir de la polis en el mostrador de la taberna.
Los viejos están ahí dentro, y siguen bebiendo vino de barril, sin saber de qué hablar, ahora que los chicos se fueron.
Mas no descansa el verano, y el sol castiga las espaldas de los chicos que se desvisten, en las rocas, y se tiran al agua para limpiarse
... de la polis, de los viejos, y de las moscas.