Los poemas a la muerte
son un engaño.
La muerte es la muerte.
Los médicos
alaban su poema a la muerte
y se van.
El sacerdote moribundo
mira como si
lo supiera todo.
Mira al frente. ¿Qué hay?
Si lo ves tal cual es
nunca errarás.
Inspira, espira,
adelante, atrás,
viviendo, muriendo:
las flechas, disparadas contra sí,
se encuentran a mitad del camino y rebanan
el vacío en su vuelo sin objeto.
Así regreso al origen.
Quien recita poemas a su muerte
añade escarcha a la nieve.
La nieve fundida
es la tinta
con la que firmo
el rollo de mi vida.
"Suya, atentamente".
...Una tarde de lluvia, Marilyn se pone un abrigo de visón sobre el cuerpo y con la escasa naturalidad que una situación tal le permite, llama a la puerta de Ives. Al día siguiente, el camarero que les sirve el desayuno, los encuentra desnudos en la cama. A Montand no le falta tiempo para comentar a varios miembros del equipo, con escasa sensibilidad y lenguaje soez: "Me la follé, ¿Qué puede hacer un francés en una situación semejante?
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