Era un ruido de calles que corrían,
después las calles se quedaron quietas;
desde nuestras ventanas
sólo el eclipse se podía ver,
y se sentía únicamente espanto.
Los que eran más audaces
poco a poco
fueron abandonando su refugio
para ver si aún estaba el tiempo allí.
Se vio entonces a la naturaleza
envuelta en su mandil
color del ópalo
traer aire más puro.
Es posible que no se alejen tanto
como solemos suponer nosotros
que no hacemos el viaje.
Tal vez hasta se acerquen a medida
que pierdan sus vestidos corporales.