Con precaución hablad a los mendigos
de Potosí y sus minas.
Sed discretos si habláis con un hambriento
de vinos y manjares.
Y cuidado si habláis con un cautivo
de lo andado por vuestros libres pies.
Lo sucedido fuera, en las mazmorras
puede ser venenosa golosina.
Nunca he visto estas tierras, pero dicen
que hay Alpes inmortales desdeñosos
que hasta rozan el cielo con sus gorros
y tocan la ciudad con sus sandalias
humildemente, y a sus pies eternos
las incontables margaritas juegan.
¿Tú cuál eres, Señor, y cuál soy yo
en un día de agosto?