sábado, 17 de enero de 2026

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Qué horrendo trepidar, nadar contra corriente
por ese río, conducto elemental
del arribo al remanso deseado
sin que el afluente derive torbellinos.
Agua, esa esencial fórmula de nuestro oficio,
revuelve en brazos y paladea
el sudor agitado entrebebido
haciéndonos cómplices de su embatida.
Lo más terrible es amoldarse
a esos puñetazos y tenazas
jugando, sometiéndose, pactando,
y siempre a su despecho entre espasmos remontarte
en espera que la rama pendiente en la ribera
con tu ayuda apresure la llegada.