domingo, 15 de febrero de 2026

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Guarda el galán, apriétalo en el libro.
Que sopesado intercale con sus hojas
la fulgurante grandeza de un reino
que por tuyo albergará eternizado.
Competirá el beso con tus páginas
perfumando el remanso progresivamente
entre el silencioso abrazo
del amante preciso de su especie.
No responderán ni tallo ni corola
a almizcle de revestimiento permeable alguno
de estropajosa vana cosmética.
La realidad de su intransferible exclusiva
tajantemente extraña de mortaja queda.
Así, el color, su intimidad, no perderá suspiro.

viernes, 13 de febrero de 2026

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Nuestros errores ahora se homologan.
Sepas lo que sufrí con tus desaires
padeciendo brutal condena
al verme frente a ti harta de culpa.
Mucho te costó recomponerme
la amarga herida causada por mi infidencia,
generosa en el presente con tus remordimientos
pones acertado bálsamo en mis penas.
Nefanda velada de adúlteras serenatas
en que de cuarentena rondé híbridas estrellas,
tu amnistía de mi vieja capa aún ondea.
Hasta aquí ignoro qué debo perdonar,
pues imposible ser mas que tú
contra el cabalista desdén del plenilunio.

lunes, 9 de febrero de 2026

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Mejor salvar al mutilado
que cargar con el muerto en la batalla.
Preferible en inminencia el tándem
que un jeep con neumáticos reventados.
Prioritario a la cita reloj fosforescente
atrasado, que horómetro solar en luna nueva.
Importante humilde anfitrión en el festín
en vez del rico avaro sin viandas.
Asegurado el doblón en paraíso fiscal
a menoscabo de la moneda inflacionada.
La facilidad en atravesar el aro
contrapuesta a que se estreche y te estrangule ...
Más vale tarta compartida por varios comensales
que empalada canina disposición para uno solo.

 

sábado, 17 de enero de 2026

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Qué horrendo trepidar, nadar contra corriente
por ese río, conducto elemental
del arribo al remanso deseado
sin que el afluente derive torbellinos.
Agua, esa esencial fórmula de nuestro oficio,
revuelve en brazos y paladea
el sudor agitado entrebebido
haciéndonos cómplices de su embatida.
Lo más terrible es amoldarse
a esos puñetazos y tenazas
jugando, sometiéndose, pactando,
y siempre a su despecho entre espasmos remontarte
en espera que la rama pendiente en la ribera
con tu ayuda apresure la llegada.